¿Qué son Les Fogueres?

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Les Fogueres de Sant Joan

No vamos a remontarnos a los orígenes del culto al fuego y su posterior cristianización bajo la advocación de Juan el Bautista. Nos quedaremos en tiempos más cercanos en los que testimonios documentales nos permitan comprobar cómo los pueblos de España y especialmente los de la costa mediterránea celebran la llegada del solsticio de verano en torno a hogueras purificadoras.

En Alicante el rito del fuego perduró a través de los siglos. Se trataba de una festividad agrícola, en la que los labradores celebraban el día más largo del año para la recolección de las cosechas y la noche más corta para destrucción de los males. Más tarde esta costumbre pasó a la ciudad ya que Alicante y su huerta siempre caminaron unidas. Así se puede constatar que la primera noticia documental de estas primitivas hogueras se remonta al año 1822, a través de un bando publicado por el Alcalde que ordenaba: «…que no se enciendan hogueras en las calles, ni menos se disparen tiros ni cohetes en la noche de San Juan y sucesivas, bajo multa de 20 a 100 Reales.»

Las autoridades prohibían año tras año las hogueras, pero el pueblo seguía quemándolas como fiel seguidor de sus tradiciones. En 1881, por despiste del Ayuntamiento, no se publicó el correspondiente bando prohibiendo encender hogueras y según un diario de la época «…tras comenzar las fiestas con la verbena de San Juan, permitió que los pacíficos habitantes se despacharan a sus anchas con hogueras y petardos.» Aprovechando la ausencia de prohibición los vecinos se agruparon por calles instituyendo las «festes de carrer» (fiestas de calle), con juegos populares, música de «dulzaina y tabalet» y con la aparición de los antepasados de los actuales «ninots», en forma de figuras grotescas que figuraban alguna persona a la que el vecindario criticaba.

Las hogueras vecinales continuaron presentes en nuestras calles pese a las constantes prohibiciones y debían ser bastante estruendosas pues se conservan documentos de las familias más adineradas de la ciudad como ésta del señor Pobil dirigida al Alcalde: «Ruego se tomen las medidas oportunas para que en las veladas de San Juan y San Pedro, no se repitan los hechos escandalosos de otros años, que hacen formar mal concepto de la cultura de esta población.» Corría el año 1887 y se arrastraban más de setenta años de cortapisas a las hogueras por parte de las autoridades y la aristocracia de la ciudad.

Pero fue en 1928, que se produce la reorientación definitiva de esta tradición tan perseguida. Se crea una asociación llamada Alicante Atracción, dedicada a fomentar el turismo de la ciudad, que por aquel entonces gustaba más de las playas cantábricas. Aquí aparece la figura de José María Py, que tras explicar el nacimiento de las Fallas de Valencia escribía:» Las Hogueras de Alicante son bien conocidas por su tradición desde tiempos remotos, deberíamos los alicantinos darles ese mismo carácter que se ha dado a las Fallas valencianas.» Esta idea encaminada a atraer el turismo, tal y como hizo Valencia, tuvo aceptación entre la clase dirigente y se autorizó a la asociación Alicante Atracción a organizar las «primeras Hogueras de San Juan», (primeras permitidas por el Ayuntamiento).

Posteriormente se supo que José María Py jugó sus cartas para oficializar la fiesta ante las autoridades con la idea de atraer turistas, aunque el siempre concebió las Hogueras para uso y disfrute de los alicantinos.

El éxito del primer año fue total, y según reseña el periódico El Día (1928): «Les Fogueres han sido un acontecimiento en la historia de Alicante, más de cien mil personas presenciaron la cremà«.

Sin saberlo, se habían conseguido ambas cosas, la oficialización de la Fiesta y la atracción de turistas, ya que esta fue tan multitudinaria que el mismo Manuel Arques Such declaraba en la prensa: «el pueblo, este pueblo bueno, quedó como atemorizado de lo que había hecho, daba la sensación de un niño que cree haber cometido un pecado.»

Como es lógico las críticas valencianas no se hicieron esperar y en 1929 una Falla se refería a las Hogueras con el lema «Monos de repetición«. Pero eso, en vez de amilanar a los alicantinos, aún los estimuló más, y en pocos años se superarían las treinta Hogueras, creándose paralelamente el complemento de la Barraca, un recinto acotado instalado en plena calle y al que se accede por una portada alegórica, en cuyo interior se desarrollan verbenas, así como se puede gozar de las excelencias de la gastronomía alicantina.

Igualmente, a partir de 1932, las Hogueras instauraron la máxima representación de la Fiesta; la Bellesa del Foc (Belleza del Fuego), cargo éste que es elegido anualmente entre las Bellezas representantes de cada Comisión de Foguera.

Con el paso de los años, el número de las Comisiones de Foguera ha ascendido a cerca de noventa, distribuidas por todas las zonas de la ciudad, así como las Comisiones de Barraca, siendo más de diez mil los participantes directos de nuestra Fiesta.

En su día declaradas de Interés Turístico Nacional, y posteriormente de Interés Turístico Internacional, hoy les Fogueres de Sant Joan son, además,Fiestas Oficiales de la Ciudad de Alicante.

En 2014, la Generalitat Valenciana declara a les Fogueres de Sant Joan, Bien de Interés Cultural Inmaterial (BIC), lo que supone una protección al monumento fogueril y a todos los elementos que componen la fiesta.

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